María Goiricelaya entiende la dramaturgia como una forma de intervención política y social. En Dysphoria, aborda la identidad de género, los prejuicios y la transformación de los vínculos familiares a través de la historia de una madre y su hijo. La obra plantea cómo el amor y la comprensión se enfrentan a las convicciones sociales y cómo la experiencia personal puede cuestionar las ideas preconcebidas.
Gema Matarranz es «una de las grandes damas del teatro en todo el Estado», destacando que «tiene algo totalmente genuino» y que lleva «treinta años sin bajar de los escenarios». La dramaturga y directora subraya la singularidad de trabajar con ella y la describe como «un animal escénico de este calibre», capaz de interpretar en Dysphoria a numerosos personajes —la madre, Álex, la fiscal, la abogada y otras compañeras— realizando cambios interpretativos «en un solo segundo». Una capacidad de transformación que, unida a su entrega y talento sobre el escenario, Goiricelaya califica de «inconmensurable».