Lorca, la correspondencia personal

Una hora antes de morir, Federico García Lorca, encerrado entre las cuatro paredes de una celda, deja volar su desbordante imaginación, recordando los principales momentos de su vida.

Un recorrido poético, alegre y triste, vital y desesperado, amargo y dulce, dónde las cartas que envió a los seres amados se convierten en el hilo conductor.

Arizona

George y Margaret deben defender sus fronteras. Los vecinos están ahí, acechando, esperando a cruzar al mínimo descuido. Pero, cuando Margaret comienza a hacer demasiadas preguntas, la comedia musical que era su vida se torna una salvaje tragedia.
Arizona no está tan lejos. Arizona está aquí, en Ceuta, en Melilla, en cada una de nuestras ciudades, en cada muro que se levanta para impedir que un ser humano acceda a una vida mejor.

“Fronteras, malditas, aquí y allá, malditas, en cada rincón del planeta, malditas, invisibles o sólidas, malditas, diques de contención de gentes que huyen desesperadamente, malditas, espejo de nuestra vergüenza, malditas…”.

Juana, la reina que no quiso reinar

“Ni vuestra soberbia ni vuestra ambición pudieron conmigo”

Juana, la reina que no quiso reinar (de Jesús Carazo) es el imaginado y emocionante testimonio, de Juana I de Castilla, más conocida como Juana la loca. Hija de los Reyes Católicos, fue casada de adolescente contra su voluntad y después encerrada durante 46 años por la única locura de ser mujer antes que reina y defender el amor por encima del poder.

Gema Matarranz pone voz y cuerpo a una Juana que rebusca entre el recuerdo y la desesperación para entender una vida impuesta por las necesidades de un Estado.

El grito desgarrado y feroz de quien sobrevivió a los que tejieron su locura.

La Isla

la Isla se presenta como un montaje que explora con gran sutileza esa delgada línea que separa lo que sentimos de lo que podemos reconocer que sentimos frente a los demás y frente a nosotros mismos, de asumir lo que nos sucede. De asumirnos. Y lo hace como si fuera una historia compartida a través de dos personajes tan frágiles como llenos de fuerza y profundidad. Un tour de force de 80 minutos interpretado por Gema Matarranz y Marta Megías.

“¿Por qué siempre ves lo que yo no veo?”, cuestiona en escena uno de los personajes. Tal vez porque el teatro es ese lugar maravilloso para ver todo eso que no vemos o que no queremos ver, lo que deseamos y no nos atrevemos a confesar, lo que fingimos u ocultamos. Todo eso que no nos perdonamos, de lo que no podemos huir y que está enmascarado en culpas, juicios, acaso sueños: el dolor que se instala en nuestras vidas, y en el que La Isla hurga con la fuerza del teatro.

Un espectáculo bello, intenso. Necesario.

IMÁGENES

Autor Gerardo Sanz